El gran negocio de EEUU en la guerra de Afganistán

Es bien conocido que las guerras generan grandes cantidades de gastos y que afectan grandemente la economía de los países en las que se desarrolla. Sin embargo, algo que llama la atención específicamente con el conflicto que se llevó a cabo en Afganistán es que, además de ser la guerra más larga en la historia de Estados Unidos, también ha sido una de las más costosas. Sin embargo, hay personas que opinan que los talibanes no ganaron en Afganistán pero sí lo hicieron los contratistas de defensa de la nación de las barras y las estrellas.

El conflicto en Afganistán, llegó a su final el pasado 30 de agosto con la retirada de las últimas tropas norteamericanas presentes en Kabul. Esto le costó al Tesoro estadounidense unos US$2,3 billones, de acuerdo con cálculos del proyecto Cost of War de la Universidad de Brown (Rhode Island). La captura del poder en Afganistán por parte de los talibanes así como la acelerada y caótica salida de las fuerzas estadounidenses de ese país fueron considerados por algunos analistas como una muestra de que esa guerra había resultado un fracaso. Pero lo que para muchos puede haber sido una guerra perdida, para otros fue una oportunidad de obtener grandes ganancias1 con una supuesta guerra por un Afganistán democrático llevada a cabo de formas flagrantemente antidemocráticas.

A Estados Unidos le corresponde considerar cómo y por qué gran parte de un conflicto tan vital se asignó a contratistas privados, y si ese tipo de enfoque fue, incluso en parte, el culpable de la debacle que siguió. Puede ser. Eso ni siquiera es para abordar el tema de si gran parte de la política exterior del país más poderoso del mundo debería estar en manos de corporaciones que no responden a las personas que pagan la cuenta, a saber, los contribuyentes. Hubiera esperado que más estadounidenses se indignaran. Quizá se puede esperar que la indignación aumente con el tiempo, a medida que más personas se enteren de lo que sucedió exactamente y de cuánto del tesoro estadounidense se desperdició.2

El Departamento de Defensa emitió millones de dólares en contratos a 17 empresas relacionadas con el trabajo en Afganistán que estaba programado para continuar después de la fecha de retiro del 1 de mayo. De los US$2,3 billones que costó este conflicto entre 2001 y 2021, en torno a US$1,05 billones fueron destinados a financiar los gastos y operaciones del Departamento de Defensa en Afganistán. Una parte sustancial de esos fondos sirvió para pagar los servicios de empresas privadas que apoyaron las operaciones estadounidenses en Afganistán.

«Esa guerra contó con unas fuerzas estadounidenses muy pequeñas -todas voluntarias- que estuvieron complementadas por contratistas militares. En general, hubo el doble de contratistas que de soldados estadounidenses«

Linda Bilmes, profesora de la Escuela de Gobierno Kennedy de la Universidad de Harvard.

Bilmes explicó que, políticamente, se fijaba un límite al número de tropas que se iban a desplegar en el país y que con frecuencia la cantidad de contratistas requeridos se definía en función de esto. «Como había mucho trabajo por hacer, eso significaba que los contratistas cargaban el combustible en los aviones, conducían los camiones, cocinaban, limpiaban, pilotaban helicópteros y transportaban todo tipo de equipos y materiales. También construían bases militares, aeropuertos, pistas de aterrizaje, etc…», agregó.3

El gran negocio

El general Kenneth McKenzie, jefe del Comando Central de EE. UU., Ha dicho que los contratistas saldrán como lo hace el ejército de EEUU, Pero para empezar, muchos no trabajan para los militares, sino para otros departamentos y una serie de entidades privadas. Por ejemplo, tanto la Agencia de los Estados Unidos para el Desarrollo Internacional como el Departamento de Estado están reteniendo contratistas para programas en curso fuera de Kabul, a pesar de la retirada. A medida que algunos estadounidenses se van, otros también están llegando a Bagram.

Más de un centenar de empresas (estadounidenses y de otros países) recibieron por parte del Pentágono contratos para ejecutar todo tipo de servicios en Afganistán y entre ellas hubo algunas que llegaron a facturar miles de millones de dólares. Altos funcionarios militares afganos han confirmado que será el centro restante para los contratistas. En abril, 70 empresas estadounidenses de seguridad y defensa comenzaron a anunciar más de 100 nuevos puestos de seguridad e inteligencia, algunos con contratos anuales que van más allá del 11 de septiembre de 2021.

«Muchos contratos se extienden más allá de la fecha límite de retiro y entre lo que dicen los funcionarios estadounidenses y las inmensas necesidades que hay sobre el terreno, algo no cuadra y algo tiene que ceder», dijo Michael Kugelman, subdirector del Programa de Asia y senior asociado en The Wilson Center. «De ahí la probabilidad de que la huella del contratista permanezca arraigada, hasta cierto punto».4

Aunque no existe un ránking oficial que muestre cuáles fueron las compañías más beneficiadas, la profesora Heidi Peltier, directora del proyecto «20 años de guerra» de la Universidad de Boston -que forma parte del proyecto Cost of War-, compartió con BBC Mundo sus estimaciones aún no publicadas. Estas fueron elaboradas a partir de la revisión de los datos disponibles en la web gubernamental usaspending.gov, que ofrece acceso a información oficial sobre los gastos del gobierno estadounidense y que fue creada tras la crisis financiera de 2008.

«Estas cifras abarcan fundamentalmente el periodo 2008-2021, aunque algunos contratos incluidos pueden ser un poco anteriores a 2008, por lo que las cifras reales podrían ser un poco más altas si tuviéramos toda la información disponible desde 2001″

Linda Bilmes, profesora de la Escuela de Gobierno Kennedy de la Universidad de Harvard.

De acuerdo con estas estimaciones, los tres principales contratistas estadounidenses en Afganistán fueron Dyncorp, Fluor y Kellogg Brown and Root (KBR). Estas compañías obtuvieron contratos como parte del Programa de Aumento Logístico con Personal Civil (conocido en inglés como LOGCAP), así como otros contratos menores. «Los contratos LOGCAP son contratos paraguas generalmente multianuales que les permiten ofrecer todo tipo de servicios en distintas áreas incluyendo logística, gerencia, transporte, apoyo y mantenimiento de equipos, aviones, etc.», señaló Peltier.

Entre sus múltiples tareas en Afganistán, DynCorp estuvo encargada de equipar y entrenar a la Policía Nacional de ese país, así como a sus fuerzas antinarcóticos, además de proveer un equipo de guardaespaldas para la protección del político Hamid Karzai, cuando este era presidente. De acuerdo con los cálculos de Peltier, Dyncorp -que recientemente fue adquirida por el consorcio Amentum- obtuvo contratos valorados por US$14.400 millones, incluyendo US$7.500 millones en contratos LOGCAP.

Fluor, una corporación con sede en Texas, estuvo a cargo de la construcción de bases militares estadounidenses en el sur de Afganistán. Según señala la empresa en su página web, también llegó a operar 76 bases de operaciones avanzadas en ese país, dando apoyo a más de 100.000 soldados y sirviendo más de 191.000 comidas al día. En total, Fluor Corporation recibió contratos por US$13.500 millones, de los cuales US$12.600 millones se corresponden a contratos LOGCAP, según los cálculos de Peltier.

Kellogg Brown Root (KBR), por su parte, ha estado a cargo de labores de ingeniería y logística para dar apoyo a las tropas estadounidenses proveyéndolas de hospedaje, alimentación y otros servicios básicos. Esta empresa también estuvo a cargo de dar soporte en tierra a las operaciones aéreas de la OTAN en distintos aeropuertos de Afganistán, lo que incluía todo tipo de labores: desde el mantenimiento de las pistas de aterrizaje hasta el servicio de los aviones y la gestión de las comunicaciones aeronáuticas. De acuerdo con las cifras estimadas de Peltier, KBR recibió contratos por parte del Pentágono por un monto de US$3.600 millones.

«A través de ese programa, proveímos apoyo en 82 bases diferentes del Ejército de Estados Unidos con servicios como alimentación, lavandería, electricidad, saneamiento y mantenimiento. En julio de 2009, el Ejército otorgó contratos de continuación bajo este programa a Dyncorp y a Fluor, que conjuntamente se hicieron cargo de los servicios que prestaba KBR. Los servicios de KBR concluyeron en septiembre de 2010», agregó.

La cuarta empresa que más facturó fue Raytheon, una de las mayores empresas aeroespaciales y de defensa de Estados Unidos, que obtuvo contratos por US$2.500 millones para prestar servicios en Afganistán. Una de sus labores más recientes fue dar entrenamiento a la Fuerza Aérea afgana, para lo cual obtuvo un contrato por US$145 millones en 2020. Por otro lado, Aegis LLC, una empresa de seguridad e inteligencia con sede en Virginia, fue la quinta empresa que más facturó en Afganistán, donde llegó a sumar contratos por US$1.200 millones. Entre sus labores destaca el haber estado a cargo de proveer los servicios de seguridad para la embajada de Estados Unidos en Kabul.5

Los dólares estadounidenses también crearon a los “millonarios del 11 de septiembre”, una pequeña clase de jóvenes afganos ultra ricos que hicieron su fortuna trabajando como contratistas para los ejércitos extranjeros. Algunos de estos millonarios se convirtieron en modelos a seguir para una nueva generación de empresarios y filántropos afganos. Pero muchos más explotaron sus lazos familiares con funcionarios gubernamentales o caudillos provinciales para asegurarse contratos lucrativos. Con el tiempo, los contratos del gobierno de Estados Unidos se convirtieron en el combustible de un sistema de corrupción masiva que envolvió al país.6

¿Y las compañías de defensa?

Las grandes contratistas de defensa de Estados Unidos como Boeing, Raytheon, Lockheed Martin, General Dynamics y Northrop Grumman fueron grandes beneficiarias de la guerra en Afganistán. Sin embargo, resulta difícil determinar cuánto dinero facturaron realmente debido a que sus contratos no estaban directamente vinculados a las operaciones en Afganistán. Ya que todas estas empresas consiguieron contratos para fabricar cosas en Estados Unidos que fueron usadas en Afganistán, pero que no son reportadas como parte de los gastos en ese país.

Además, un informe publicado esta semana por el proyecto Cost of War presenta a estas cinco compañías como grandes beneficiarias del gasto militar estadounidense desde el 11-S. «Entre los años fiscales 2001-2020 tan solo estas cinco empresas compartieron unos US$2,1 billones en contratos del Pentágono (calculados en dólares de 2021)», señala el informe. Tal es el caso de Raytheon y quién obtuvo mucho más dinero que los US$2.500 millones señalados anteriormente, pues ese monto se corresponde solamente con los contratos que obtuvo para ser ejecutados directamente en Afganistán.

Esta empresa de tecnología aeroespacial ofrece una amplia gama de sistemas de armamento, de navegación, de comunicaciones, entre otros, que en muchos casos han sido desarrollados para responder a necesidades concretas de las Fuerzas Armadas estadounidenses y que están integrados en los equipos militares usados en Afganistán. Así, por ejemplo, Raytheon es responsable del sistema de radares y de visión nocturna que utilizan las nuevas versiones de Osprey V-22, una aeronave polivalente con capacidad de despegue vertical desarrollada por Boeing y ampliamente utilizada en Afganistán.

Boeing también es el fabricante de los aviones caza F-15 y F-18 que, según explicó Linda Bilmes, fueron los «caballos de batalla» de las fuerzas estadounidenses en Afganistán. Pero Boeing no aparece en la lista de los principales contratistas, como tampoco lo hace Lockheed Martin, otra gran empresa de defensa, fabricante de los helicópteros Blackhawk, que fueron usados extensamente en el país asiático.

En el caso de General Dynamics, ellos fabricaron la mayor parte de los vehículos blindados ligeros y realizaron mucho trabajos relacionados con ciberseguridad en Afganistán. «Digamos, por ejemplo, que vendiste un avión. Podría haber sido usado en Afganistán, pero también podría haber sido usado para entrenamientos en Kansas», menciona Linda Bilmes, profesora de la Escuela de Gobierno Kennedy de la Universidad de Harvard.

«Estas son cosas que se fabrican bajo contratos a largo plazo y resulta que, debido a que estábamos involucrados en Irak y Afganistán, a estas empresas les fue muy bien durante estos 20 años de guerra, pero no podemos atribuir eso de forma específica a las operaciones en Afganistán», señaló también.

Por otra parte, la portavoz del Pentágono Jessica Maxwell confirmó las dificultades para determinar cuánto dinero obtuvieron estas cinco grandes contratistas de defensa por sus equipos y servicios usados en Afganistán.

«Es imposible obtener semejante estimado. El departamento de Defensa compra a estas compañías una amplia variedad de productos y servicios, pero estos no son adquiridos ‘solamente para’ Afganistán. Los compramos para operaciones en todo el mundo. Algunos fueron usados en Afganistán: unos por poco tiempo o de forma intermitente (como los aviones de transporte) y otros por periodos más largos», señaló.7

Monopolios y precios exorbitantes

En un informe de agosto de 2021 sobre la reconstrucción de Afganistán, el inspector general especial John F. Sopko, señaló que el fraude y el despilfarro financiero eran rampantes: «Debido a que el trabajo por contrato a menudo se realizaba con poca o ninguna supervisión, despilfarro y fraude a menudo pasaba prácticamente sin control».8

Por otro lado, Linda Bilmes apunta que durante la guerra de Afganistán las contratistas tenían las de ganar a la hora de fijar los precios por sus servicios. «Muchos de estos contratos fueron otorgados sin competencia o con muy poca competencia. Esto se debe a que en algunos casos el proveedor era un monopolio, pero también porque no había muchas empresas capaces de hacer el trabajo que hacía falta. Así, podían pedir casi el precio que quisieran», indica.

Asegura que en muchos casos, las empresas aumentaban los precios argumentando el deterioro de la situación de seguridad y las dificultades derivadas para llegar a los lugares donde había que prestar los servicios. «La política del departamento de Defensa es contratar de forma competitiva en la mayor medida posible. Aunque la mayor parte de los sistema de armamento fueron licitados durante las primeras fases de su desarrollo, es cierto que en la mayor parte de los casos, hay una fuente única de producción», agregó.

Bilmes apunta que a veces hubo una usura enorme, pero otras veces era simple corrupción. «Había el caso en el que se pintaba un edificio y se cobraba 20 veces el costo, lo que era usura. También había un nivel de corrupción en el que te embolsillabas el dinero y no pintabas el edificio. Y luego estaba lo que llamo ‘presupuesto fantasma’ que ocurría cuando no había nada que pintar y simplemente te quedabas con el dinero», dice.9

Además, la oficina del Inspector General ha reportado que entre 2008 y 2017, Estados Unidos perdió por mal uso o fraude unos US$15.500 millones destinados a los esfuerzos de reconstrucción en Afganistán, según informó The New York Times. En cualquier caso, para Bilmes la guerra no benefició a un único tipo de empresa sino a una variedad de estas entre las cuales se incluyen las compañías de defensa, pero también las de logística, las constructoras y las proveedoras de combustibles, así como aquellas especializadas que ofrecían servicios o bienes que nadie más podía proveer como piezas o programas de software críticos para la operación militar en Afganistán.

«El gobierno no puede simplemente decir, ‘Al diablo con ustedes'», mencionó Dov Zakheim, exjefe oficial financiero del Departamento de Defensa. «Lo que pasa con el despido por conveniencia es que el gobierno probablemente tendrá que pagarle al contratista».10

Asimismo, Concerned Veterans for America, un grupo de «dinero oscuro» que forma parte de la red conservadora Koch, defendió la retirada de Biden esta semana. El grupo ha gastado millones en anuncios televisivos y digitales que respaldan una retirada total de Afganistán desde 2019. Más de 350.000 dólares se destinaron a anuncios de Facebook que presionan por la retirada de Afganistán o elogian a los miembros del Congreso por votar para revocar el uso autorizado de la fuerza militar durante los últimos tres años. meses solo. Y el grupo lanzó recientemente una campaña publicitaria por valor de 1,5 millones de dólares para que Estados Unidos también retire tropas de Irak. 

VoteVets, un grupo liberal de dinero oscuro, también elogió la decisión de Biden de retirarse de Afganistán esta semana. El grupo ha gastado alrededor de $ 280,000 en anuncios de Facebook durante los últimos tres meses, muchos de los cuales presionaron para retirarse de la guerra.11

Fuentes:

1. Afganistán: las grandes empresas de Estados Unidos que más dinero ganaron con la guerra; por BBC News.

2. Taliban Didn’t Win in Afghanistan, the Defense Contractors Did | Opinion; por Newsweek.

3. 5. 7. 9. Véase ref. 1.

4. The U.S. Is Leaving Afghanistan? Tell That to the Contractors. American firms capitalize on the withdrawal, moving in with hundreds of new jobs; por NYMag Intelligencer.

6. ‘9/11 millionaires’ and mass corruption: How American money helped break Afghanistan; por CNBC.

8. In Afghanistan, «over 100 billion dollars spent on military contracts»; por Politifacts.

10. Pentagon could open itself to costly litigation from contractors if US pulls out of Afghanistan this year; por CNN.

11. Defense contractors spent big in Afghanistan before the U.S. left and the Taliban took control; por Open Secrets.

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